De cada diez personas que llegan al carrito con intención real de compra, varias se van sin pagar. No porque cambiaron de opinión, sino porque el checkout las hizo dudar: un paso de más, un campo que no entendían, una redirección que las sacó de tu marca justo cuando estaban por decidir. Esa fricción de últimos segundos es la venta más cara que existe, porque ya la tenías ganada.